Frente para la Derrota
Había que ver a Néstor Kirchner desplomado en su banca. Confundido, apichonado, tragando saliva mientras sentía cómo se le escurría gran parte de su poder de las manos cuando la oposición daba comienzo a una nueva era parlamentaria. Era el final anunciado de una ficción institucional que inventó como manotazo de ahogado el día que adelantó las elecciones y abrió un período de más de cinco meses en donde, de atropellada, sacó todas las leyes que pudo para intentar instalar que el 28 de junio no había ocurrido nada malo para su proyecto.
No hay demasiados antecedentes de un ex jefe de Estado tan negador y autodestructivo.








































