Copenhague

La cuestión ambiental parece no ser parte del ADN del militante nacional y popular. Tal vez porque se sospecha que detrás de tal preocupación se mueven hilos de intereses espurios, que pretenden condicionar el desarrollo de los países subdesarrollados. Tal vez porque se lo asume como un snobismo propio de los países centrales, que no teniendo de que ocuparse, despliegan un drama de paisajistas deprimidos ante la inminente extinción de los osos o la desaparición de las “lovely rain forests”.








































